
Me gusta Mateo
Nadia Cruz OrtegaMe gusta Mateo. Es mi amigo y es muy listo: siempre entrega la tarea...
En Cara de perro, primer libro de Gerardo Tena y publicado en diciembre de 2020 bajo el sello editorial Hormiguero, se nos revela una realidad de la Ciudad de México: muestra un caleidoscopio de personajes en la urbe de los años 60 y 70 por medio de la infancia y la adolescencia de Cerillo, un niño pelirrojo al que le orbitan las historias de sus amigos, sus maestras y sus vecinos a través de relatos en duplas.
Gerardo Tena, nacido en 1958 en la Ciudad de México, trabajó como corresponsal de la Agencia Francesa de Prensa (AFP) en Cuba durante cuatro años; colaboró con la Escuela de Periodismo Carlos Septién, UNAM y la Universidad Iberoamericana en distintas publicaciones y charlas, y durante cinco años fue coordinador de medios en el Fondo Mundial para la Conservación (WWF México). Comenzó a escribir como terapia debido a que, durante el terremoto de 2017 en la Ciudad de México, no pudo ayudar a una persona atrapada entre los escombros de un edificio derrumbado. Más tarde tuvo la oportunidad de trabajar con mayor detalle aquellas narraciones que consideró las mejores; sin embargo, sólo recopiló quince, por lo que escribió relatos que acompañarán de cierta manera a cada uno de los primeros.
Los personajes en este libro giran en torno a Cerrillo; en sus historias se habla de amor, desilusión, violencia y abandono. Todos son protagonistas de sus propios relatos. El autor inició con duplas de historias que contextualizan la vida de Cerillo: su familia, sus amigos con quienes “juega” en la calle y en su escuela. Luego los relatos se centran en otros personajes no tan cercanos al protagonista principal, pero que de igual manera lo afectaron profundamente. En los últimos capítulos, los personajes y las situaciones muestran una realidad más violenta que marca el fin de su infancia.
Las duplas de textos se encuentran entre sí como en un espejo y revelan un trasfondo a veces dulce, a veces agrio. En uno Cerillo cuenta sobre su primer amor y al siguiente su primer amor recuerda su pubertad totalmente diferente; en otro relato se narra cómo un niño sufre una violación en un Opel abandonado y al siguiente un vagabundo, que sufrió un ataque de niño en un Opel, hace amistad con una rata.
Cara de perro es la muestra clara de que lo heterogéneo y la diversidad nutre e intensifica la realidad en la que vivimos y me refiero no solo al contenido, también lo hace en la ambigüedad formal que posee, pues la obra divaga entre dos géneros reconocidos en la literatura: la novela y el relato; esto le confiere la capacidad al lector de interpretarla en unidades, en duplas o en conjunto, profundizando en uno o varios de los temas que trata.
El producto es una obra bien cuidada con dibujos que acompañan cada título y páginas negras que dividen a todas las parejas de textos; en éstas ocurre un juego narrativo interesante pues los relatos funcionan por sí mismos, pero su relación entre ellos y en conjunto refuerzan el tema principal de la obra: cada personaje sufre las consecuencias del abandono.
En algunos casos, el abandono institucional o parental les lleva a experimentar alegría, bienestar y consuelo, aunque sea momentáneo o ficticio como en “Venus”en el que un niño obtiene el vello púbico de una hermosa mujer que esperaba a su amante fuera de los baños públicos Latorre, o en “Biblia”, relato en el que Manuel el “Jene” demuestra el amor que tiene por La Sombra, su padre, por medio de cuidados.
En otros relatos, el abandono solo les causa dolor y sufrimiento: en “Verdugo” se muestra la desesperación de un hombre por encontrar empleo y en su búsqueda por el éxito hiere a la gente a su alrededor; o en “Ganzúa” en el que Santiago, llevado por un odio y rencor profundos, busca robar el tesoro oculto de su padre. En la mayoría se puede observar un poco de ambos pues “aunque los muchachos vivían con sus padres en casa, todos amaban la calle porque les formaba el carácter; a veces de manera divertida, otras de forma cruel. No había espacio para los débiles” (133).
La intención de la obra es la conmoción, tiene “cara de perro que quiere patada” (194): la novela busca retratar la complejidad de la vida humana por medio de la violencia que sufren distintos personajes de la vida urbana y su contexto propio para enternecer. Es por ello que tiene la siguiente calificación.